Parto vaginal después de una cesárea: La posibilidad de lograrlo en el hospital

Una mamá tuvo a su primer hijo por cesárea y cuando volvió a quedar embarazada se informó que existía un hospital que realizaba PVDC.

Hay un hospital donde las mujeres pueden dar a luz con total libertad de movimiento, luz tenue y hasta con música de fondo. Un lugar donde la episiotomía y la rotura de bolsa no son procedimientos de rutina. Donde tampoco se les coloca una vía a las mujeres cuando ingresan porque saben que eso las limita en sus movimientos. La Maternidad Estela de Carlotto, en Moreno, es pública, sólo el dos por ciento de los bebés que nacen ahí requieren neonatología y sólo el trece por ciento de las embarazadas tiene a sus hijos por cesárea.

Cuando Paz y Mariano escucharon todo esto, se convencieron de que su segundo hijo tendría un nacimiento diferente. En 2011 había nacido Cristóbal, por una cesárea luego de un monitoreo no reactivo. No fue una cesárea violenta sino amorosa. Incluso, Paz y Mariano pudieron ver cómo “Toba” salía de la panza. Sin embargo, no esperaron a que el cordón deje de latir para cortarlo y Toba estuvo más de dos horas en neonatología sin necesidad, por protocolo de la clínica. En ese tiempo le dieron una mamadera con leche de fórmula, sin consultarles a los padres si era lo que querían.

La revancha

En 2015 Paz tuvo otro test de embarazo positivo. Desde entonces supo que su hijo iba a tener otro nacimiento. Esta vez, se iba a informar y empoderar y si Camilo tenía que nacer por cesárea esta la encontraría más preparada y tranquila.

Encontrar un lugar donde pudiera tener un parto vaginal después de una cesárea no fue fácil. La obra social de Paz no cubría los sanatorios con programas de parto respetado y ella no tenía la posibilidad de pagar una fortuna. Una tarde, una amiga le sugirió que vaya a conocer la maternidad de Moreno: “Es pública, gratuita, tienen programa de parto respetado y aceptan PVDC (Parto vaginal después de cesárea)”. Era justo lo que necesitaba.

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Desde el principio encontraron acompañamiento y respeto. Allí hicieron el curso de preparación para la maternidad y transitaron las últimas semanas del embarazo.

La semana 40 llegó sin que Camilo diera señales. La ansiedad la combatieron con caminatas, música, natación, te de hojas de frambuesa y juegos al aire libre con Cristobal.

Al tratarse de un centro de baja complejidad, Paz y Mariano sabían que debían cumplir una serie de requisitos: no podían tener patologías asociadas al embarazo, podía tener hasta una cesárea previa, hasta tres partos previos, una gesta única, un peso fetal adecuado para la edad del bebé y lo más importante: el parto no podía extenderse más allá de la semana 41.

Un nacimiento diferente

Un día, Camilo dio señales de que quería nacer. Esa noche las contracciones fueron suaves y espaciosas. Al día siguiente se hicieron rítmicas e intensas. Por la noche, ya más dolorosas.

A eso de las nueve y media fueron a la Maternidad y como le dijeron que el trabajo de parto estaba recién comenzando volvieron a su casa. A eso de las 2 de la mañana Paz rompió bolsa y se volvieron a subir al auto convencidos de que ese día iba a terminar en parto.

Llegó con 3 de dilatación, y en cuanto Camilo ubico su cabeza en el canal de parto todo fue más rápido. A pesar del cansancio, pasar las contracciones parada era mucho más fácil. A las 5 de la mañana, con 6 de dilatación pasaron a la sala de parto. Tenía banquito, colchoneta, pelota, una tela para colgarse y luz tenue. Era tranquila y hermosa.

El pequeño Camilo junto a su mamá luego del nacimiento.

“Tenés que empujar a lo Yerma”

Finalmente, vinieron dos contracciones muy fuertes. Con dilatación completa Paz sintió la necesidad de pujar. El dolor se fue. Camilo ya estaba llegando. Sentada en el banquito, Florencia, la partera, le dijo “Cuando sientas la contracción pujá. Tenés que confiar en vos, en tu cuerpo. Sabés parir”. En ese momento Mariano la miró a los ojos y le dijo: “Tenés que empujar a lo Yerma”. Yerma es un personaje de una obra de teatro de García Lorca, que trata sobre una mujer, Yerma, que desea ser madre y no lo consigue. Es una tragedia, y es una de las obras preferidas de Paz.

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Fue un pujo profundo e intenso

Camilo llegó a este mundo de forma respetuosa, sin forzar sus tiempos y con un clima calmo y amoroso. Paz lo tuvo en brazos hasta que el cordón dejó de latir y Mariano fue el encargado de cortarlo. Luego se lo llevó a una habitación contigua para pesar y medir.

A Paz le cosieron un pequeño desgarro y después le trajeron a su hijo para que estén unas horas solos, tranquilos, piel con piel.

La primera foto familiar. Paz, Mariano y Cristobal dándole la bienvenida a su nuevo integrante: Camilo.

“Fue una experiencia única e inolvidable. Un nacimiento lleno de amor, respeto y cuidados. La llegada de Camilo fue un gran camino. Largo y hermoso, de esos que dan gusto transitar. Pasé por todas las emociones: felicidad, angustias, tranquilidad, adrenalina, miedos, enojos y ansiedad. Un parto que todas las madres deberían poder transitar”, concluye Paz.

 

Fuente: La Nación